domingo, marzo 18, 2007

"Ochenta y seis cuentos" de Quim Monzó

Desde que leí Vida familiar de Quim Monzó en Antología de la ¿mejor? literatura de ¿humor? de todos los tiempos vol.3 editado por FNAC tenía la idea en la cabeza: tengo que leer más de Monzó, esto es muy bueno. Así que me he metido entre pecho y espalda esta sobredosis cuentística que es Ochenta y seis cuentos. Consta de cinco libros ya publicados anteriormente y ahora revisados, Uf, dijo él (1978), Olivetti, Moulinex, Chaffoteaux et Maury (1980), La isla de Maians (1985), El porqué de las cosas (1993) y Guadalajara (1996). Comentar tantos cuentos escritos en semejante intervalo de tiempo es por fuerza difícil y yo, aunque lo intente, no soy un autentico crítico, así que, desde mi amateurismo vocacional, lo haré lo mejor que pueda. Ahí va:

Primero, el principio: Uf, dijo él. El comienzo es brutal, fantástico en todos los buenos sentidos de la palabra: Historia de un amor rompe los esquemas temporales con una facilidad sorprendente. Llama la atención también el lenguaje explícitamente sexual, que en 1978 debía ser muy provocador, pero que no se ha quedado para nada anticuado, sino que sigue siendo un cuento redondísimo y muy gracioso. En la misma línea fantástica (¿con un punto surrealista? ¿o directamente surrealista? no, más bien no..) que probablemente es lo que más me gusta de Monzó, está Sobre la volubilidad del espíritu humano, Sobre la futilidad de los deseos humanos y quizás Confidencia. El otro Monzó de estos primeros cuentos, un poco más experimental, también me parece interesante, aunque los cuentos son menos individuales y me parecen menos redondos, pero sin embargo se ve la facilidad que tiene para escribir con frases largas y elaboradas, enlazadas de modo poco común y sin embargo logra con ello una fluidez que otros ni en cien años de frases cortas y diálogos animados. De estos me han gustado especialmente Splassshf, descripción un poco cómica del cutrerio vacacional y del ligoteo veraniego y la La creación, en el que se describe eso, la creación del mundo, nada más y nada menos :)

Olivetti, Moulinex, Chaffoteaux et Maury sigue la misma línea, pero rondando un poquito más la metaficción y jugando con la propia ficción, como en Muñecas rusas, que es un poco como continuidad de los parques de Cortázar, salvando las distancias (en este cuento al menos), Thomsom, Braun, Corberó, Philipshave..., o Oldeberkoop, un monólogo muy curioso... Del otro Monzó más fantastico, hay menos rastros, pero nos regala Un cine y Reino vegetal, ambos con muy buenos finales. Comienza aquí Quim Monzó con el lío con los nombres sus personajes. Juega muchísimo con ello, de diversos modos, pero en este libro se limita a N y S en El norte del sur y a los que empiezan por H en En punto. Pero luego volveré sobre ello....

De Isla de Maians me gustan casi todos. Seguramente el estilo comienza a ser un poco más limpio, más trasparente, menos visible, pero los cuentos no sufren por ello, más bien al contrario... Sigue habiendo una sección meta, de los que destacaría Filología y El secuestro, ambos rozando el tema de la creación literaria, pero con algo más. De la sección fantástica, son muy buenos Casa con jardín, La filantropía del mobiliario y No esté tan seguro, quizás previsible, o quizás no, pero muy bueno. También muy interesante Literatura rural, que en el catalán original seguro que gana, aunque la traducción de Javier Cercas, que es el traductor de todos los libros salvo El porqué de las cosas, me ha parecido muy buena, apenas parece un texto traducido. Aumenta por cierto en Isla de Maians el uso del maltrato de sus personajes, identificándolos como ella, I, el agente inmobiliario o el hombre... Parece como si tratase de desindividualizarlos, de hacer de ellos estereotipos, patrones o paradigmas antes que personajes, que tratase de darles generalidad antes que identificarlos.

Esto es aún más evidente en El porqué de las cosas. La identificación de los personajes se hace a veces por iniciales, letras al azar o, con un efecto aún más potente, a través de perífrasis Especialmente significativo es el ejemplo de La euforia de los troyanos: "El hombre que durante la infancia había tenido una cierta fe religiosa" es el primer identificador que recibe el protagonista, que sigue con la etiqueta unas páginas más, hasta que cambia, varias veces, todas igualmente desidentificativas :"El hombre que fue de viaje de fin de curso a Mallorca" o "El hombre que tuvo su primera novia a los quince años". El cuento merece la pena aunque sea solo por eso. Aunque este libro es el que menos me ha gustado, es posible que por esa tendencia al estereotipo. (Casi) toda la primera mitad del libro son cuentos de ese estilo y exagerando se podría resumir en "la vida de pareja es una mierda", con un resultado un poco repetitivo y no muy conseguido. Al final del libro la cosa se anima y entra en una fase no se si desmitificadora o deconstructiva, y revisa varios cuentos populares partiendo en general de su final y a base de ironía y anacronías logra un efecto muy gracioso, mucho mejor que cuando se pone un poco más "trascendente"... De los mejores son La micología, sobre los gnomos de los tres deseos, La monarquía, sobre Cenicienta y La fauna sobre los ratones y gatos en los dibujos animados. La sección meta es muy reducida, pero tiene buena representación en El cuento, el último del libro.

Y ya por último Guadalajara, que mejora el anterior bastante. Comienza con Vida familiar que ya comenté en su día, y que está muy bien. Luego entra en una fase un poco revisionista también, con A las puertas de Troya, Las libertades helvéticas y Gregor en los que revisa respectivamente La Ilíada, la historia de Guillermo Tell y La Metamorfosis de Kafka, pero un poco a la inversa, que resulta muy interesante y gracioso a la vez. También en la misma línea y con buenos resultados Hambre y sed de justicia con Robin Hood. La tercera parte es más cotidiana, pero al contrario que en El porqué de las cosas aquí logra convencerme de la cotidianeidad y encadena cuatro cuentos muy interesantes: El día de cada día, sobre el poder de la mentira asumida por todos, La vida es tan corta sobre la fantasía del encierro en los ascensores con alguien atractivo, El poder de la palabra con un título muy descriptivo :) y La literatura que ya roza más la fantasía a la vez que la metaficción. Después viene La fuerza centrípeta, que me ha recordado, aunque tiene solo algo que ver, a Órbitas inestables en el espacio de las mentiras de Greg Egan, y por tanto a El ángel exterminador de Buñuel, aunque en este caso aún es una vuelta de tuerca más, es un cuento un poco menos estático. Por último, en la quinta parte Estrategias sería un poco más cotidiano, Vidas de los profetas más fantástico y con un final muy bueno, Durante la guerra, sobre la conspiranoia, con mucho humor y por fin, Los libros que es un cierre genial en lo que parece que va a ser "solo" un cuento sobre los lectores compulsivos y que además de eso encierra un final muy interesante sobre la creación literaria y sorprendente para el mismo cuento.

En fin, que me lo he pasado muy bien leyendo estos cuentos, pero creo que va siendo hora de que recupere la novela, que llevo mucho relato corto seguido...

1 comentario:

Seleucus dijo...

Monzó no es de mis preferidos. Creo que se lo sobrevalora.